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A Islandia le tiemblan los pies: 50.000 terremotos en tres semanas

La isla vive pendiente de la evolución de una intrusión de magma en la península de Reykjanes que podría causar una nueva erupción volcánica
Islandia vive pendiente de la evolución de una intrusión de magma en la península de Reykjanes que podría causar una nueva erupción volcánica. La alerta se emitió el 3 de marzo y desde entonces la po­blación sigue las informaciones de los expertos con incertidumbre. Si bien las erupciones en la isla del Atlántico Norte son habituales, esta sería la más próxima a la capital jamás ocurrida desde que Reikiavik se convirtió en un municipio en el 1786.

La región de la capital, donde actualmente viven dos tercios de los 364.000 habitantes del país, se encuentra a unos 35 km de la ­zona donde los científicos estiman que se podría producir la erupción. Las últimas informaciones indican que, si el episodio volcánico se iniciara hoy, tendría lugar en el valle Nátthagi, cerca de la costa sur de la península. La última actividad volcánica en Reykjanes data de 1240, tras un periodo de tres siglos vulcanológicamente muy activos.

De momento, la lava no ha penetrado el último tramo de la corteza terrestre, pero la interacción del magma con la zona de falla entre las placas tectónicas norteame­ricana y eurasiática ha producido una actividad sísmica extraordinaria. En tres semanas se han supe­rado los 50.000 terremotos, más de los que se detectaron en la región en todo el 2020, un año que ya fue excep­cional por la elevada cifra de movimientos sísmicos en Reykjanes.

“Nunca habíamos registrado un episodio de estas características junto a zonas habitadas”, asegura Sigríður Kristjánsdóttir, sismóloga de la entidad pública Iceland Geo Survey. Kristjánsdóttir y su equipo estudian el posible escenario de un terremoto de magnitud 6,5 en la zona de Brennisteinsfjöll, una montaña a 20 km de la capital, pero descartan movimientos de más magnitud. “En Islandia no hay terremotos por encima de magnitud 7 porque las placas tectónicas se separan y el grosor de la corteza no es suficiente para producir sacudidas mayores”, afirma Kristjánsdóttir.

El terremoto más fuerte de este episodio ha sido de magnitud 5,7 y se registró la mañana del 24 de febrero. Desde entonces, la tierra en el sudoeste de la isla se ha movido intensamente día tras día. Además, se han detectado tres temblores pulsantes, una especie de tur­bulencia volcánica que indica la posibilidad de una erupción inminente.

Desde Reikiavik y los mu­nicipios del área de la capital, los seísmos se viven con una mezcla de temor y curiosidad, pero la situación es más delicada en las poblaciones próximas a los epicentros, sobre todo en Grindavík. Entre los 3.500 vecinos de este pueblo pesquero empieza a haber muestras de cansancio tras muchas noches en vilo por las fuertes sacudidas.

“En episodios como los que es­tamos viviendo, lo más habitual es que la gente tenga ansiedad. La amenaza constante de los terremotos siempre está presente porque no sabemos cuándo vendrán o qué magnitud tendrán. Los síntomas comunes son insomnio o problemas de sueño, por la preocupación constante y el incremento de la hipersensibilidad del cuerpo.

También es normal el agotamiento”, detalla Óttar Birgisson, psicólogo d el sistema de salud de la región de Suðurnes y que tiene programadas reuniones de trabajo con las au­toridades de Grindavík para ase­sorarlas en gestionar la situación. “En estos casos, es recomendable expresar sentimientos, ejercicio y una buena dieta”, apunta.

Una de las cuestiones que más angustia en Grindavík es que la actividad sísmica y volcánica no sigue un ciclo conocido. De hecho, no existen precedentes recientes en la región, así que no hay datos históricos. "No sabemos cuánto puede durar la actividad sísmica actual. Tampoco podemos determinar la probabilidad de que haya una erupción, pero lo que claro ­está es que el magma está ascendiendo”, señala Magnús Tumi Guðmundsson, vulcanólogo y profesor en la Universidad de Islandia.

En cuanto a la incidencia en Reikiavik, Guðmundsson cree que una erupción en Reykjanes “no cambiaría la vida”, aunque añade que, al principio, el gas tóxico podría obligar a la población a “encerrarse en casa durante unas horas”.

En la memoria de los europeos aún está el volcán Eyjafjallajökull. En el 2010, el espacio aéreo europeo se vio afectado por una gran nube de ceniza fruto de una erupción volcánica explosiva bajo uno de los glaciares del sur de Islandia. El hecho de que la alerta por erupción actual afecte a Reykjanes, donde está el aeropuerto de Keflavík, también preocupa en la isla, aunque no parece que la situación del 2010 se deba repetir.

“El peor escenario para el aeropuerto in­ternacional de Keflavík sería una erupción explosiva, que se daría en caso de que la lava entrara en contacto con el agua del mar. Este contacto produciría una reacción explosiva que convertiría la lava en ceniza, lo que podría afectar al tráfico aéreo. Sin embargo, no es un escenario muy probable”, dice ­Benedikt Ófeigsson, experto de la Oficina Meteorológica de Islandia, que sigue la actividad sísmica y volcánica.

A estas alturas, en la capital y en los municipios de Reykjanes, la población vive conectada a las no­ticias de la televisión y se mantiene atenta al ruido del subsuelo, a la espera de que la tierra hable.

ÈRIC LLUENT

https://www.lavanguardia.com/internacional/20210317/6460836/islandia-tiemblan-pies-50000-terremotos-tres-semanas.html