la GUERRA del ARTE

EL ARTISTA Y EL TERRITORIO

El acto de creación es, por definición, territorial. Así como la madre carga dentro de sí misma al bebé, el artista o innovador contiene dentro de sí su nueva vida. Nadie puede ayudarle a hacerla nacer. Pero tampoco necesita ayuda de nadie.

La madre y el artista son observados desde los cielos. La sabiduría de la Naturaleza sabe cuándo es tiempo de que la vida interna cambie de branquias a pulmones. Sabe, hasta el mismo segundo, cuándo es que sus pequeñas uñas empezarán a aparecer.

El artista y la madre son vehículos, no creadores. Ellos no crean la nueva vida, solo la cargan. Por eso es que dar a luz es una experiencia que crea tanta humildad. La nueva madre llora en asombro del pequeño milagro en sus brazos. Ella sabe que vino de dentro de ella, pero no de ella, a través de ella pero no de ella.

Cuando el artista trabaja de manera territorial, él venera a los cielos. Se alinea con las fuerzas misteriosas que le dan fuerza al universo y que buscan, a través de él, crear esa nueva forma de vida. Al hacer su trabajo por su propio beneficio, él se pone al servicio de otros.

Recuerda, nosotros como artista no sabemos nada. Nosotros solo le hacemos al cuento día con día. Para nosotros tratar de dudar de nuestra Musa de la misma manera en que un fraude duda de su audiencia es tenerle desdén a los cielos. Es blasfemia y sacrilegio.

En vez de eso debemos de preguntarnos, como lo hace la nueva madre: ¿Qué es lo que siento creciendo dentro de mí? Permíteme hacerlo nacer, si puedo, por mi propio beneficio y no por lo que puede hacer por mi o por lo que me ayudará a conseguir.