la GUERRA del ARTE

EXPERIMENTANDO EL SER

¿Alguna vez te has preguntado porque los términos coloquiales para intoxicación están siempre relacionados con destrucción? Fumigado, comatoso, pasado. Es porque están hablando del Ego. Es el Ego el que es destruido. Destruimos el Ego para llegar al Ser.

Los márgenes del Ser alcanzan a tocar el Campo Divino. Me refiero al Misterio, el Vacío, la fuente de Sabiduría y Consciencia infinita.

Los sueños provienen del Ser. Las ideas provienen del Ser. Cuando meditamos accedemos al Ser. Cuando ayunamos, cuando rezamos, cuando vamos en una misión a nuestro interior, es al Ser a quien buscamos. Cuando el Yogi canta, cuando el Sadhu (sacerdotes Hindúes) se mutila a sí mismo; cuando los penitentes recorren cientos de kilómetros a gatas, cuando los Indios Americanos se perforan a sí mismos en los bailes dedicados al Sol, cuando los jóvenes suburbanos toman Éxtasis y bailan toda la noche en un rave, todos están buscando al Ser. Cuando deliberadamente decidimos alterar nuestra mente, estamos tratando de encontrar al Ser. Cuando el alcohólico colapsa y toca fondo, esa voz que le dice “Yo te salvaré”, proviene del Ser.

El Ser es la parte más profunda de tu existencia.

El Ser está unido a Dios.

El Ser es incapaz de mentir.

El Ser, como el Campo divino del cual proviene, está en constante crecimiento y constante evolución.

El Ser habla por el futuro.

Es por eso que el Ego lo detesta.

El Ego odia al Ser porque cuando decidimos hacerle caso a nuestro Ser, dejamos al Ego fuera de nuestro negocio.

El Ego no quiere que evolucionemos. El Ego está a cargo del show en este momento. Le gustan las cosas tal y como están ahorita.

El instinto que nos lleva hacia el arte es el mismo impulso a evolucionar, a aprender, a elevar nuestra consciencia. El Ego odia esto. Porque mientras más despertemos, menos necesitamos al Ego.

El Ego odia cuando el artista recién despertado se sienta frente a la computadora.

El Ego odia cuando el aspirante a pintor da el primer paso y se posa frente al lienzo.

El Ego odia eso, porque sabe que esas almas están despertando a su llamado, y que ese llamado proviene de un plano de mayor nobleza que el material y de una fuente mucho más profunda y más poderosa que cualquier cosa física.

El Ego odia al profeta y al visionario porque ellos impulsan la raza hacia adelante. El Ego odiaba a Sócrates, a Jesús, a Luther, a Galileo, a Lincoln, JFK y a Martin Luther King.

El Ego odia a los artistas porque ellos son quienes iluminan el camino y son portadores del futuro, porque cada uno de ellos se atreve, en palabras de James Joyce “a forjar en mi alma la consciencia de mi raza”.

Esa clase de evolución amenaza la existencia del Ego. Y el Ego reacciona a esto, convocando toda su astucia y dirigiendo a sus tropas.
El Ego produce la resistencia y ataca al artista que quiere despertar.