la GUERRA del ARTE

INVOCANDO A LA MUSA - PARTE DOS

Antes de conocer a Paul, yo nunca había escuchado de Musas. Él me iluminó. Las Musas eran nueve hermanas, hijas de Zeus y Mnemosyne, que significa “memoria”. Sus nombres eran Clio, Erato, Thalia, Terpsichore, Calliope, Polyhymnia, Euterpe, Melpomene y Urania. Su trabajo era inspirar a los artistas. Cada Musa era responsable de un arte distinto. Existe un vecindario en Nuevo Orleans donde todas las calles tienen nombres de Musas. Yo viví ahí un tiempo y no tenía ni idea; pensé que solo eran nombres raros.

Aquí está Sócrates, en Phaedrus de Platón, en “los nobles efectos de la locura enviada del cielo”:

La tercera forma de posesión y locura es posesión por una Musa. Cuando esta toma posesión de un alma virgen y gentil, la induce a una inspirada expresión lírica y de otras clases de poesía, y glorifica incontables obras de los héroes del pasado para instruir a la posteridad. Pero si un hombre viene a la puerta de la poesía sin haber sido tocado por una de las Musas, pensando que su propia habilidad lo hará un buen poeta, él y sus sanas composiciones nunca tocarán la perfección, y serán eclipsadas por las creaciones de un loco inspirado.

La manera Griega de aprehender el misterio era personificarlo. Los seres antiguos sentían las poderosas fuerzas primordiales de este mundo. Para hacerlas accesibles, les daban rostros humanos. Las llamaban Zeus, Apolo, Afrodita. Los Nativos Americanos sentían el mismo misterio pero les daban nombres de animales –Maestro Oso, Halcón mensajero, Coyote bromista.

Nuestros ancestros estaban intensamente conscientes de las fuerzas y energías cuya presencia no pertenecía a esta esfera material, sino a una más elevada y misteriosa. ¿Qué creían ellos acerca de esta elevada realidad?

Primero, pensaban que la muerte no existía ahí. Los dioses eran inmortales.

Los dioses, no tan diferentes a los humanos, eran mucho más poderosos. Desafiar sus deseos era inútil. Actuar con orgullo contra los cielos solo podía traerte calamidades.

El tiempo y el espacio muestran una existencia alterada en esta otra dimensión. Los dioses se transportan “a la velocidad del pensamiento”. Pueden decir el futuro, algunos de ellos, aunque como nos dice el poeta Agathon:

Solo esto está más allá de Dios: El poder de cambiar el pasado.

Pero los inmortales pueden jugar con el tiempo, como a veces podemos ver en sueños y visiones.

El universo, los griegos creían, no era indiferente. Los dioses toman interés en los asuntos de los hombres, e interceden para bien o para mal con nuestros diseños.

El punto de vista contemporáneo es que todo eso es encantador pero ultimadamente absurdo. ¿Pero lo es? Entonces responde esto. ¿De dónde provino Hamlet? ¿De dónde provino el Partenón? ¿De dónde provino la Mona Lisa?