la GUERRA del ARTE

LA DEFINICIÓN DE UN FRAUDE

Esto lo aprendí de Robert McKee. Un fraude, él dice, es un escritor que duda de su audiencia. Cuando un fraude se sienta a trabajar, no se pregunta qué está dentro de su corazón. Se pregunta qué es lo que el mercado está pidiendo.

El fraude es condescendiente con su audiencia. Piensa que es superior a ellos. La verdad es, está atemorizado por ellos, o mejor dicho, tiene miedo de ser auténtico en frente de ellos, asustado de escribir lo que realmente piensa o siente, lo que él mismo considera interesante. Tiene miedo de que su libro no venda. Así que trata de anticiparse lo que el mercado quiere, y es lo que ofrece.

En otras palabras, el fraude escribe de manera jerárquica. Él escribe lo que él imagina se verá bien en los ojos de otros. Él no se pregunta a sí mismo, ¿qué es lo que quiero escribir? ¿Qué es lo que yo creo es importante? En vez de eso pregunta ¿Qué está de moda, qué puedo vender?

Un fraude es como el político que consulta todas las encuestas antes de declarar su posición. Es un populista. Un demagogo.

Hay ocasiones en que ser un fraude paga. Tomando en cuenta el esto deplorable de la cultura americana, un tipo astuto puede hacer millones siendo un fraude. Pero en esos casos, aunque tengas un éxito has fracasado porque has vendido a tu Musa, y tú Musa eres tú, la mejor parte de ti mismo, de dónde tu mejor y más fino trabajo proviene.

Yo me estaba muriendo de hambre como escritor cuando la idea de La Leyenda de Bagger Vance vino a mi mente. Vino a mi mente como un libro, no como una película. Me reuní con mi agente para darle las malas noticias. Ambos sabíamos que las novelas de primeros autores toman mucho y generalmente se venden por muy poco. Peor aún, una novela acerca de un golfista, aunque pudiéramos encontrar una editorial, acabaría en la bandeja de desperdicio.

Pero la Musa me había atrapado. Tenía que hacerlo. Para mi asombro, el libro fue un éxito crítico y comercial mayor que cualquiera otra de mis obras anteriores, y otros han sido igual de afortunados. ¿Por qué? Mi mejor suposición es esta: Confié en lo que quería, no lo que pensé que funcionaría. Yo hice lo que consideré interesante y deje la recepción del mismo a cargo de los dioses.

El artista no puede hacer su trabajo de forma jerárquica. El artista tiene que trabajar de manera territorial.