la GUERRA del ARTE

LA MAGIA DE SEGUIR HACIÉNDOLO

Cuando termino mi día de trabajo, me dirijo a las colinas a caminar. Me llevo una pequeña grabadora porque sé que cuando la superficie de mi mente se empieza a vaciar con la caminata, otra parte de mí empieza a hablar:

La palabra “mirar” en la página 342... debería ser “observar”.

Repetiste la misma frase en el capítulo 21. La última oración es igual a la que usaste en el capítulo 7.

Esas son la clase de cosas que vienen a mi mente. Nos pasa a todos, cada día, cada minuto. Estos párrafos que estoy escribiendo ahorita me fueron dictados ayer; ellos reemplazaron a una versión anterior, más débil, que iba a usar para empezar este capítulo. Estoy desenmarañando esa nueva versión ahorita mismo.

Este proceso de auto-corrección y auto-edición es tan común que no lo notamos. Pero es un milagro. Y sus implicaciones son asombrosas.

¿Quién está haciendo estas correcciones? ¿Qué clase de fuerza nos está jalando la manga?

¿Qué dice acerca de la arquitectura de nuestras mentes el hecho de que, sin siquiera esforzarnos o pensar acerca de ellos, exista una voz en nuestra mente aconsejándonos (y haciéndolo de manera sabia) en cómo hacer nuestro trabajo y vivir nuestras vidas? ¿De quién es esa voz?

¿Qué clase de programa está trabajando arduamente, escaneando gigabytes de información, mientras nosotros estamos ocupados en otras cosas?

¿Son ángeles?

¿Son Musas?

¿Es nuestro subconsciente?

Sea lo que sea, es más inteligente que nosotros. Mucho más inteligente. No necesita que le digamos qué hacer. Va a trabajar por sí mismo. Parece querer trabajar. Parece disfrutar su trabajo.

¿Qué hace exactamente?

Está organizando.

El principio de organización está incorporado en nuestra naturaleza. El mismo caos tiende a organizarse a sí mismo. A partir de un desorden primordial, las estrellas encuentran sus órbitas; los ríos encuentran su camino al mar.

Cuando nosotros, como Dios, nos decidimos a crear un universo – un libro, una ópera, un nuevo negocio- el mismo principio empieza a funcionar. Nuestro guión se acomoda a sí mismo en una estructura de tres actos; nuestra sinfonía toma la forma de movimientos; nuestro negocio de plomería encuentra la organización adecuada.

¿Cómo es que experimentamos esto? Teniendo ideas. Ideas brotan en nuestra mente mientras nos rasuramos o mientras nos bañamos o incluso, por increíble que parezca, mientras estamos trabajando. Los duendes detrás de esto son inteligentes. Si nosotros olvidamos algo, ellos nos lo recuerdan. Si nos salimos del tema, ellos cierran las puertas y nos traen de regreso.

¿Qué podemos concluir de esto?

Claramente cierta clase de inteligencia está trabajando, independiente de nuestra mente consciente y sin embargo en alianza con ella, procesando el material por nosotros y con nosotros.

Es por esto que los artistas son modestos. Ellos saben que no son ellos quienes hacen el trabajo; ellos solo están tomando dictado. Es por eso que las personas no creativas odian a las personas creativas. Porque están celosas. Ellos sienten que los artistas y los escritores han logrado conectarse a una red de creatividad e inspiración a las cuales ellos no tienen acceso.

Por supuesto que eso no tiene sentido. Todos somos creativos. Todos tenemos la misma mente. La misma clase de milagros ocurren en cada una de nuestras cabezas, minuto a minuto.