la GUERRA del ARTE

UN PROFESIONAL SE VALIDA A SI MISMO

Un amateur deja que las opiniones negativas de otras personas le quiten validez. Él toma las críticas externas a pecho, permitiendo que sobrepasen su propia fe en su mismo y su trabajo. La Resistencia ama esto.

¿Puedes soportar otra historia de Tiger Woods? Con cuatro hoyos por jugar en el último día del Masters 2001 (que él acabó ganando, ganando así los cuatro Masters en un mismo año), algún cabeza hueca en las gradas disparó un flash cuando Tiger estaba a punto de golpear la pelota. Increíblemente, Tiger fue capaz de detenerse a medio swing y evitar el golpe. Pero eso no fue la parte sorprendente. Después de echarle una mirada asesina al causante, Tiger se compuso, regresó a la pelota y la mandó 310 yardas justo en el centro.

Ese es un profesional. Es esa fuerza de voluntad a una nivel que la mayoría de nosotros no puede comprender, ya no digas emular. Pero analicemos qué fue exactamente lo que hizo Tiger, o mejor dicho, lo que no hizo.

Primeramente, no reaccionó por reflejo. Él no permitió que un acto, que con todo derecho hubiera podido causar ira, la causara. Controló su reacción. Gobernó sus emociones.

Segundo, no lo tomó de manera personal. Él pudo haber percibido las acciones de este fotógrafo como un acto deliberado contra su persona, con la intención de arruinar su golpe. Pudo haber reaccionado con ira e indignación o hacerse la víctima. No lo hizo.

Tercero, no lo tomó como un signo de malevolencia divina. Esto lo pudo haber interpretado como un golpe de malicia de los dioses del golf, como un mal bote en baseball o una mala llamada de un árbitro. Pudo haber hecho berrinches o enfurruñarse o perder compostura mental ante esta injusticia, esta ofensa, y usarlo como excusa para perder. No lo hizo.

Lo que sí hizo fue mantener control sobre el momento. Él entendió que, no importa lo que le había pasado, él todavía tenía un trabajo que cumplir, el golpe que debía hacer aquí y ahora. Y él sabía que seguía en sus manos el poder de producir ese golpe. Nada se interponía en su camino excepto esa reacción emocional que pudo haber elegido. La madre de Tiger, Kutilda, es una Budista. Quizá de ella él aprendió la compasión, para dejar que la furia contra la impertinencia de este fotógrafo pasara. En cualquier caso, Tiger Woods, el máximo profesional, dejó que su venganza acabara en una mirada, se recompuso y regresó a su trabajo.

El profesional no puede dejar que las acciones de otros afecten su realidad. Mañana en la mañana la crítica habrá desaparecido, pero el escritor seguirá enfrentando esa página en blanco. Nada importa más que él siga trabajando. A menos que se trate de una crisis familiar o el inicio de la Tercera Guerra Mundial, el profesional tiene que presentarse, listo para servir a los dioses.

Recuerda, la Resistencia quiere que nosotros les cedamos el mando a otros. Ella quiere que pongamos en riesgo nuestra auto estima, nuestra identidad, nuestra razón de ser, en la respuesta que otros le dan a nuestro trabajo. La Resistencia sabe que nosotros no podemos soportar esto. Nadie puede.

El profesional ignora a los críticos. Ni siquiera los escucha. Los críticos, él se repite, son las bocas inconscientes de la Resistencia y como tales pueden ser astutas y dañinas. Pueden articular en sus reseñas el mismo veneno tóxico que la misma Resistencia elabora dentro de nuestras mentes. Ese es el verdadero mal. No que les creamos, sino que le creamos a la propia Resistencia en nuestras mentes, de la cuales los críticos son solo voceros.

El profesional aprende a reconocer críticas provenientes de envidia y las toma por lo que son: el mejor cumplido. Lo que el crítico odia más es lo que él haría si tuviera las agallas.